El dormilón -Lecturas de Octubre

Distopía y post-apocalipsis son ya dos formas clásicas de la ciencia ficción. En ocasiones, colaboran. Diría que casi siempre.

Entiendo que el término post-apocalipsis no requiere explicación. Se trata de ubicar el relato en un mundo en el que el mundo, tal como lo conocemos, ha terminado: ya sea por la contaminación, por desastres naturales o tecnológicos, o por cualquier otra cuestión.

La distopía, tan conocida como la otra categoría, quizás merezca alguna explicación. Un relato distópico supone un universo de lo social cuyo ordenamiento dista mucho del que conocemos. En sí, es un orden en el que preferiríamos no vivir y en el cual siempre hay una esfera del poder que somete al resto a través de controles técnicos, de dominio a través de la fuerza o de los recursos.

Paradojas de la vida, algunas lecturas permiten que Utopía de Tomás Moro sea leída como un relato distópico. Moro proponía una sociedad que para él era idea, pues en ella a nadie le faltaba comida, hogar ni educación. Pera el hipercontrol de las relaciones, las vestimentas uniformadas y una educación en la que los roles de géneros se transmiten como “lo dado”, llevan a ver esa sociedad como indeseable, pues en gran medida algunos de los rasgos positivos de nuestra sociedad no podría llegar a desarrollarse.

Ayer leí El dormilón, historieta o novela gráfica que el dúo Santullo-Aón publicaron en el e-zine de Loco Rabia y que hace poco fue editada en papel en colaboración con Grupo Belerofonte.

Ayer @veigamg me prestó esta genial historieta. =D

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El dormilón nos ubica en el año 2061. El planeta ya no es el que conocemos. La sobrepoblación y la falta de alimentos y de otro tipo de recursos lo condujeron a una crisis terminal. Los poderosos, los dueños del capital económico, lograron “salvaguardar sus vidas” con la compra de un curioso programa ofrecido por la empresa “dormIO”: las personas son criogenizadas y lanzadas al espacio.

Algunas, sin embargo, son estafadas. Una vez dormidas, ¿cuál es la necesidad de enviarlas al espacio? Cuando la persona se despertara en la oscuridad de un sótano —si es que las construcciones se mantienen en pie— ¿a quién le reclamarían?

Este es el caso de nuestro protagonista, “un dormilón” que despierta en la oscuridad de un edificio en que ha sucedido un crimen reciente. La escasa comunidad que lo habita está consternada por la muerte de Luis, quien al hacerse cargo de los recursos alimenticios había concentrado mucho poder. Las miradas de todos apuntan al recién despierto dormilón.

Marcel, uno de los encargados, el único con un arma, detiene un inminente linchamiento con un sólido argumento: todos tenían motivos para matar a Luis y la única forma de convivir en armonía es saber quién lo hizo; el dormilón es el único sin motivos para darle muerte y, por ende, el único que puede averiguar qué sucedió. Todos aceptan su lógica o el poder que le otorga el dominio del arma.

De ahí en más, el Dormilón deberá aceptar cumplir su función de detective dentro del edificio o, en caso contrario, optar por ser arrojado al exterior en donde tendría que enfrentarse a los madmaxes, un grupo de personas que acostumbran la antropofagia.

En su investigación, sin embargo, el Dormilón no estará exento de problemas y peligros.

La histora de “El Dormilón” es sólida y, lamentablemente, breve. Me gustaría conocer más acerca de esta pequeña comunidad que debe sobrellevar su existencia en un mundo post-apocalíptico, sin alimentos, sin recursos y sin superpoderes.

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